Expectación con la agenda de Carlos Salinas

Expectación con la agenda de Carlos Salinas

Empresarios y académicos se quedaron con las ganas de conocer su opinión sobre política mexicana y Donald Trump


Cuando nos despedimos en su oficina de Los Pinos el 19 de octubre de 1994 ignoraba que, auxiliado por Gabriel García Márquez, Carlos Salinas intermediaba entre Bill Clinton y Fidel Castro en un conflicto causado por balseros cubanos que intentaban ingresar a Estados Unidos después de abandonar Cuba.

Era el final de su mandato y le había pasado de todo; arrancó el año con la rebelión del subcomandante Marcos en Chiapas; ejecutaron a Luis Donaldo Colosio en Lomas Taurinas; consiguió que Ernesto Zedillo ganara las elecciones a Diego Fernández de Cevallos y Cuauhtémoc Cárdenas, y asesinaron a José Francisco Ruiz Massieu.

Con el mundo desplomándose sobre sus hombros aún se daba tiempo para intermediar entre Cuba y Estados Unidos cuando éste país se preparaba para una intervención militar en el Caribe  y la Isla sufría los efectos de la naturaleza, pero más aún de la caída de la Unión Soviética.

Ayer acudí al Club de Industriales, invitado por el ex Presidente, a escuchar una narración sucinta del contenido del más reciente de sus libros, "Muros, Puentes y Litorales". Los empresarios y académicos que ahí estuvieron se quedaron con las ganas de conocer su opinión sobre política mexicana y Donald Trump.

Desde el inicio, el coordinador del evento advirtió que no habría sesión de preguntas y respuestas. Carlos se concretó a narrar su participación, casi al final de su mandato, en un episodio de geopolítica que incidió en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, en la política interna de la nación norteamericana y en la carrera política de Clinton, y en otro, ocurrido 10 años después de concluir su mandato, al pedir ayuda a Fidel para rescatar a 2 niños secuestrados por un padre que los mantenía ocultos en la Isla.

Yo también me quedé con las ganas de preguntar; hace casi un año, el 28 de mayo de 2016, una semana antes de las elecciones en las que el PRI perdió 7 gubernaturas, platicamos de todo y de nada. Desde entonces, mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero ayer no era el momento adecuado.

Pero estar en el Club de Industriales y observar, desde un lugar privilegiado, el impacto que su presencia y palabra tienen en auditorios de ese nivel obligan a preguntarse por qué el ex Presidente creyó conveniente imponerse en la agenda política nacional con un libro mediante un intenso recorrido en medios de comunicación y ayer en el Club de Industriales.

Por cierto, no contestó a uno de los comentaristas de su libro, el ex subsecretario de Relaciones Exteriores, Andrés Rozental, el por qué hasta hoy revela su participación en la triangulación con Clinton y Castro.

Quien lo conozca un poco coincidirá en que su relanzamiento no tiene que ver con la industria editorial, por más que "Muros, Puentes y Litorales" sea una gran narración.

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