La Barriada/Martín Aguilar/El que ríe al último

Luego que López Obrador abriera la pandora para la sucesión presidencial para el 2024, pese a que todavía faltan tres años, algunos miembros del gabinete ya alzaron la mano, entre ellos Marcelo Ebrard y pese a que también la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum viene incluida en el paquete, ha cacareado varias veces, que primero se dedicará a los asuntos de la ciudad, como si lo hiciera también, ya que en algunos mítines de Morena a los que ha asistido, ya le gritan presidenta.

No todo está cantado, luego de que el equipo de Marcelo Ebrard se reportó listo para intervenir en el proceso electoral de la CDMX, el canciller les dio la orden de no meterse en los terrenos de Claudia Sheinbaum, hasta después de las elecciones.

 

Todos cumplieron la instrucción y, en reciprocidad, la jefa de Gobierno no puso trabas a la petición de que el alcalde Vidal Llerenas fuera incluido de último momento para Azcapotzalco, donde buscaba reelegirse.

 

Al final, los cuadros de Claudia y los del canciller perdieron en la capital y dio inicio la carrera por la sucesión de 2024, alentada por el propio Andrés Manuel López Obrador, quien abrió la baraja de presidenciables.

 

Quizá la intención de adelantar la lucha por su propia sucesión haya sido solamente para crear un distractor ante los problemas por los que atraviesa su administración, pero el hecho es que ya se formaron bandos al interior de la 4T.

 

Aunque la baraja aparentemente es amplia en Morena, todo el mundo tiene claro que sólo tres tienen posibilidades para 2024: Sheinbaum, Marcelo y Ricardo Monreal, quien, de último momento, fue incluido indirectamente en la lista de Palacio Nacional.

 

Este juego político, que, en teoría, beneficiaría a la jefa de Gobierno, pues todo el mundo coincide en que es la favorita en la cúpula de la 4T, en realidad la mete en una dura batalla con dos auténticos lobos: el canciller y el líder del Senado.

 

Ante la ausencia de operadores políticos propios, Claudia tuvo que aceptar, precipitadamente, la imposición de Martí Batres como su secretario de Gobierno, toda vez que Monreal ratificó su interés por contender y Marcelo oficializó sus aspiraciones el fin de semana en el Edomex.

 

Con todo y que Batres está a años luz de estos dos auténticos animales políticos, fue la única opción que se encontró a la mano para tratar de responder, ya que de ambos ha recibido maltratos y alimenta una sed de venganza contra ellos.

 

El juego del destape es muy peligroso, pues una vez que los aspirantes arrancaron, va a ser prácticamente imposible detenerlos, sobre todo porque, si no es dentro de Morena, pueden extender sus posibilidades hacia otros bloques políticos.

 

Tanto Ebrard como Monreal tienen una buena ronchita de legisladores y gobernadores en sus equipos y, en una de ésas, incluso se llegan a unir de nuevo para ir juntos en el 24 y repartirse el pastel con la alianza opositora.

 

Por eso el hecho de que el canciller haya cumplido su palabra de no meterse en la CDMX durante las elecciones, y la declaración de la jefa de Gobierno en el sentido de que "respeto mucho a Marcelo y cualquiera puede participar", no quiere decir que la tregua continúe.

 

Por el contrario, los frentes en la 4T ya se abrieron y ahora hay que formar los batallones para aguantar una larga guerra interna de, al menos, dos años, en donde se verá quién tiene más armas y mejor estrategia para imponerse.

 

De momento, Claudia queda como la caperucita roja-marrón en medio de dos lobos. 


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